(...)

3 de Julio

Físicamente, como mujer, ella me odia, como mujer espiritual me teme, pero en su mente debe amarme. Yo mismo provoqué esa lucha en su alma. Mi altivez, mi desdén, Mi despiadada ironía la atraen, pero no al amor, porque aún no alimenta ese sentimiento y menos hacia mí.

Conmigo preferiría luchar; y me envidia la orgullosa independencia frente a los hombres, la arrogante independencia, ¡la libertad del árabe del desierto! Mi ironía y mis excentricidades neutralizan toda manifestación amorosa. Por otra parte, Cordelia se muestra bastante expansiva conmigo, porque no ve en mí a un adorador; me toma una mano, me la aprieta, ríe conmigo y me muestra cierta atención en el sentido más estrictamente griego de la palabra.

(...)

SK

¿de qué es?

si choca el color contra la pupila,
si choca el sabor contra la papila,

quiebra el dolor contra la paliza,
quiebra el terror contra la huída.

si sobra el rigor de la quietud,
si sobra el estupor de la luz,

moja el temblor contra la canilla,
moja el calor contra la ventanilla.

el color

leve,
en la cintura.
liviana
en el aliento.
tenue,
en los rasgos.

llueven
los lagos,
si prendo
fuego,
mirando.

derrama la herencia.

sentencia,
el filo de la sentencia.
brilla, en manos
del amo de los dioses.
la mirada del espejo,
el verbo, quema el insecto,
te trepa la lengua,
el impulso erguido, de hierro,
dispersa la herencia, seca,
del antes, del después.
viajante herido del futuro,
tiembla de sed, perpetuo.
errante columna de sueños
celebra la estampida,
de huesos y virtudes.
huye del ensueño,
completa el círculo
de tus temores verdes,
será la perla que no está,
lo que te empuje
a morir ahogándote,
en un vaso de agua
lleno de vidrio.
"Escribo esto bajo la opresión de un tedio que parece no caber en mí, o necesitar de algo más que mi alma para tener donde estar; de una opresión de todos y de todo que me estrangula y delira; de un sentimiento físico de la incomprensión de los demás que me perturba y aplasta. Pero alzo la cabeza hacia el cielo azul ajeno, expongo la cara al viento inconscientemente fresco, bajo los párpados después de haber visto, me olvido de mi cara después de haber sentido. No estoy mejor pero me siento diferente. Me veo librarme de mí. Casi sonrío, no porque me comprenda, sino porque, habiéndome convertido en otro, ya no puedo comprenderme. En lo alto del cielo, como una nada visible, una nube pequeñísima es un olvido blanco del universo entero."
FP

senegal




otra gabación en un campo de General Rodríguez.
libre interpretación noise de rock vandálico sin fines de luTo.

bajo: Micaela L
batería: David Tandoori
guitarra: Pablo R
instrumento de viento y percusión: Javier V.


animación y dirección de fotografía: Pablo R.

parloteo




horas de campo.
todos los músicos corríamos mientras se grababa ésto, incluso el baterista.


bajo: Micaela L
batería: David Tandoori
guitarra: Pablo R.

quizás humano

la incertidumbre
que gira en silencio,
ahorca los pensamientos,
las decisiones, los momentos.
el freno del viento advierte sucesos,
dentro de un marco temerario
de geografías desconocidas.
se rompe el vínculo
en ningún lugar.
vibra terrible
en cada parte del espíritu.
creo ya no estar pensando
sino más bien
desarmando el camino
para retornar al comienzo.
la noche es tan larga
que alcanza al día.
agrede esa sensación
del desposeído
cada segundo que pasa
dentro de la ausencia
del calor.

transmutar

había conseguido dominar el equilibrio
cruelmente entre el total daño y no-daño
que podía autoproducirse deliberadamente,
en un juego cuasi masturbatorio,
sin frenos ni límites.

pero de momento
lo encontró un duro paredón de acero.
un frio que se apegó al cuerpo,
casi indominable aunque, como siempre,
con la posibilidad cierta
del juego daño no-daño
merodeando como mosca sobre la cabeza.

era urgente que despegue la vida, su cuerpo,
de ese circuito anulatorio.
era el fin espiralado con forma de vicio,
detractor del cambio y el acto.
hasta no haber destruído
el espejo entero que lo rodeaba:
la vida y sus vicisitudes,
no sería posible encontrar ni la llave
de la puerta para salir del círculo
ni ninguna otra salida.

pero concluyó un día la sed infame
en un despegue migratorio del soma.
un contrapunto de salida
como neurotransmisor de hielo,
la palabra y los rincones
del yo quebrándose libres,
como vidrios que ya no lastiman
la piel.


era un pedazo de él,
siendo lo que no era.
sin daños ni círculos.

prolongación de lo inconcluso.

el acceso al infortunio de sentir lo doloroso del hecho mismo de sentir, no sólo puso en evidencia ese característico dolor, sino que en primer plano, sobresale del fondo, como figura, ese listado de recursos que poseía para revertir ese dolor, aunque esquivamente, manipulable o desterrable.
frente a tal revelación, inmiscuido en el pegajoso hábito del goce por sobre todo lo demás, poseía también, la certeza de tener el demonio en las manos: el fuego, como así también todos los mares para apagar ese fuego endemoniado: el agua.
tal oscilación entre el goce y la culpa lograron que pierda de vista la facilidad con que podía de algún modo, hacer convivir ese fuego y ese agua. pero haciendo foco sólamente en la perspectiva necia que propone el ego vanidosamente vulgar, hizo que el agua apague el fuego, para luego escurrirse entre las manos.
la memoria del cuerpo, conserva solo la sensación de dolor, prolongándose, soberana del soma que se somete, sin más.-

acontecimiento.

era tal la paz,
que rodaban ovejas
por las paredes.
como si todo se pareciera al campo.
ese recuerdo, rebotaba,
entre lo olfativo y lo visual,
como si una canilla goteara.
lo imperioso y abrumador
de tener que hacer algo,
hizo olvidar el recuerdo.
aún no se sabe a quién exactamente
ni tampoco el beneficio de la interrupción.
el recuerdo, se revuelca en la memoria,
(de nadie que se sepa hasta el momento)
como desperezándose.
evidentemente alguien tomo el mando de ese fenómeno.
el ingreso de lo auditivo,
retumbó como volar,
casi volar,
eso es lo que se sabe.
lo enigmático radicó
en que nadie se había
ocupado de mencionarlo.
(ni siquiera yo.)
habrá sido que eso
sucedía como manifestación
de paz?-.

como el sol cuando...

no terminé de caer en la libertad
que ya estaba preso de élla.
como si no me hubiesen dado a elegir
estar o no estar:
un determinismo ejercido
en plena libertad de otro,
que no había terminado de caer en la libertad,
siendo ya,
preso de élla.
"The number four means nothing to me but the number four means death to Chinese.
Number seven is lucky in Japan. Here we don't give a damn"

IV

... y por otro capricho,
todo lo que escriba,
y calle hoy,
es para élla.


inspirado en fragmentos de una carta enviada por correo
Dentro del agua,
cabeza de platino,
siempre, qué pasará
con todo lo que flota.
La vista se cortó,
cabeza de platino,
y el sol se suspendió
dentro del frío.

Hoy encontré tu olor
fugándose en la casa
y se rompió
la cara del silencio.

Solos, desnudos,
en agua suspendidos,
se llenará todo
de olor y gritos.
Toda la noche bajo el techo rojo,
arriba el vacío.
Dejando atrás los pensamientos muertos.
Espíritu.

Hoy encontré tu olor
fugándose en la casa
y se rompió
la cara del silencio.

Hoy encontré tu olor
fugándose en la casa
y se rompió
la cara del silencio.

PP

lo inatrapable

estrujó el sudor en la mano, y cruzó de vereda. cambio rotundo de dirección. como si en la vereda de enfrente se encontrara el sol: era solamente el calor de algo que duele: llegar, irse, no regresar, volver. la dificultad neurótica de no saber qué elegir. la duda espesa, movimiento en los pelos de la nuca, sucia. esa fricción emana calor, duele. no son sino engranajes desaceitados. dientes chillando. - sin lugar más que una habitación con una cama, que parecía rodeada de gente lamentándose un hecho inevitable, sus formas de pronto, servían de espacio ocupado, habitado; más que por esos espectros de gente lamentándose, algún libro leído y caído sobre el suelo, sombras, tacos rotos, maquillajes; competían para enunciar el lugar seco. entrar era tan complejo como querer romper una burbuja de vidrio gigante con aire - volvió sobre sus certezas. el estante donde moran todas las mentiras más parecidas a la realidad, temblaba de botellas a punto de caerse. no dejaba de pronuciar un anguloso refunfuneo, de sostener su estructura, llena de pedazos, de representaciones, envasadas, torpes. - era antes de dormir, bajo el suelo, que rodaban todas las historias, mientras intentaba dormir, el recelo de la tarde que atrae esa idea bañada de metal: amar; mientras se busca el sueño, entre tanto trueno de la mente.

_
llueve afuera del cuerpo, y adentro del cuerpo, cae granizo. soy de agua madrugada, de lluvia que no cayó líquida. me mueven los hielos de las venas, y espero, pese a todo, lo cálido de despertar sólido.
encadenado a la libertad,
al único miedo: el dolor,
deshecho, eligió
ser menos que el deseo.
corré detrás del viento,
respirá toda la tierra
hasta saborear el suelo.

que el sueño sea
tu mejor vigilia,
en mis ojos mudos.

mientras,
escaparé por el pasillo
de ese sueño de invierno,
esquivando viento y arena.

me llenaré la boca
de preguntas para poder
abrir cielos, miedos...

se va a suspender
la caída de otro
universo,
cuando frenes
delante de mí.

el cuarto siglo
es hoy,
una buena salida.
fuerza de luz,
frente a frente.

te busqué cuando
no estabas.
te encontré ayer,
en el lugar indicado.

esperaste el rigor
que estimula el frio,
delante de mis
pocas llamas.

saldré al encuentro
de un nuevo vidrio
sin la anticipada
necesidad de
romperlo.

creo.

primer indicio

en mi capricho robé una voz.
salté,
alegre como un niño,
al que nadie vio cometer
la travesura.
no están los permisos,
ni los contratos,
ni las esperanzas.
sólo el llanto de una boca,
que grita su voz,
quebrando la sien
de quien la escuche.
detrás de élla,
retumba un ardiente beso,
dentro de su cuerpo
que todavía
busca su voz
entre mis ropas.
girar es un efecto,
decía la canción
que escuchamos.
y yo lo estoy haciendo
al ritmo
de tu ansiedad.
con la felicidad
derretida como un helado.
en la mano.
el frío de la mañana
y el té,
reestablecieron coordenadas.
sin querer soñé que,
viajando por algún tunel de plumas,
caía a un cuerpo.

(¿mi cuerpo?)

el primer enemigo,
amablemente deformado
por el tiempo y las palabras,
ese cuerpo sin ruedo
que camina horas,
deshojaba tiempo
recostado en el
último rincón
del espacio.

no era posible apropiarme
de ese cuerpo,
me era ejeno.


pero ni yo, ni ese cuerpo
estabamos despiertos:

no estabamos.


al fin
una magnífica pesadilla:


no tengo cuerpo.
buscándote,
te encontré, escribiendo un final apócrifo
en grandes charcos de agua tibia y espesa.
mientras tu rio seco navega
en las profundidades de algún misterioso
péndulo líquido que se asemeja bastante
a la especulación,
todo lo que amás perece.
entre algunas luces de festival
quizás llegues a verte, aquella vez
que te equivoques a tu favor.
si bien nunca pude aprender aquello de enseñar,
guardo conmigo toda la propaganda de una victoria infame,
pronta a ejecutarse, a tus espaldas.
he grabado a fuego mil errores
en todas las superficies
que se entregaron a mis manos.
sospecho que
tus huesos
te harán recordar:



dejaste
en una caja fuerte
cientos de roedores.
la palabra.
el títere.
la palabra títere.
el títere en la palabra.
la palabra.
el títere.
la palabra como títere.
el títere.
la palabra.
el títere no es la palabra.
la palabra.
el títere.
la palabra del títere.
el títere.
la palabra.
el títere sin palabra.
la palabra.
el títere.
la palabra y los títeres.
el títere.
la palabra.
el títere es la palabra.
la palabra.
el títere.
la palabra sin títeres.
el títere.
la palabra.
es tan tarde ya, todo sigue, llegando tarde. llego tarde. toda posibilidad es ceniza, agua, hielo. historia y memoria en el perpetuo rodeo. la pérdida me contiene en su esencia, en sus entrañas que no son, palabras gratuitas operan la destrucción a destajo. se aniquila el tiempo una vez razonado, si el nudo del día que despierta no es sino el mismo que termina. hoy planeo un día que no va empezar, siempre tarde, es tarde para empezar. vigilo mi sombra porque algo me queda, el escombro de cada sonido que se amontona, siempre tarde, es tan tarde, ya es nunca, uno es mil, aquel no es detrás, recién es ayer, solo es siempre, tarde. el interior de las cosas reviste lo crucial de esencia, me camino abrumante, tropiezo con la palabra, es tal o cual, no es tal o cual, no lo sé, yo sólo visto una vida que cuando empezaba a rodar, terminó por nacer, muerta. son tantos lo que dictan un veredicto sagaz, soy un espejo, el humano es húmedo, infecta cada rincón de su humanidad con humedad, porque la necesita, ese abrigo líquido quizás llueva y sea vida. están dejando de ser todas las cosas, empieza un nuevo régimen de cicatrices, aquel puñado de arañas es la vacilación que inquieta, el camino me desagrada, me envuelve, me incomoda. estaba pensando en terminar de decir alguna vez algo, remar el suelo es caminar, es nadar la piedra, peor es cada vez mejor, no distingo hoy las láminas del fuego, mis ojos dejaron la huella, la inscripción está en su lugar, mirá los vasos qué quietos están, mirame, aunque sea tarde.
Algo te identifica con el que se aleja de ti, y es la facultad común de volver: de ahí tu más grande pesadumbre.

Algo te separa del que se queda contigo, y es la esclavitud común de partir: de ahí tus más nimios regocijos.

CV
cabalgando, detrás de una noche entera, el verbo recordar, suele impregnar cada imagen estrictamente de cierto modo amargo, casi de manera inexorable. en todo su recorrido inestable, aquel pensamiento inaccesible por completo, sacude hasta el desmayo la ambición de diferenciar lo posible de lo imposible. anuda todas las sensaciónes olfativas a la ilusión de algo material. todo el color sintetizado en uno, de salto en salto, a cada paso en ese trágico evento regrediente, puede pintar el paladar de un vínculo instantaneo entre el deseo y la satisfacción.
_






verás cada retrato
de tus mil pies
llenos de distancia
recorrida
de manera inmóvil
hacia ningún
punto cardinal,
desde arriba.

en las alturas,
todo se vuelve
un precipicio.
incluso tu propio
cuerpo.

quizás te envenene
el deseo de saltar
al vacío,
el de tu imagen,
el de tus pies.

pero todo lo
que hayas creído
caer, habrá sido
subir.

la condena
de ascender
a tu propio cuerpo,
cayéndote de él,
hasta perder
la noción
de tu propia
extensión.






_
...y ya dentro de un mismo lugar, se agolparon dos sujetos, en los bordes opuestos de una mesa, dispuestos a darse (el) fuego, a cada rato; a permitirse disparar una lengua líquida de tiempo, del largo de un año. Sin darse cuenta. Claro. Como para satisfacer una necesidad primaria, despilfarraron cientos de líneas atrasadas. encendieron todas las alarmas posibles. nunca las apagaron. se colgaron de ciertos símbolos irriantes, para hacer monadas, para lavarse los dientes, o para drenar algún síntoma contundente. fueron testigos incluso de que algo estaba sucediendo, entre ellos, aún sin haber vivido ese año prepotente que se impuso, parabólico. seguían dándose (el) fuego, esperaron ingenuamente que dejen de rebotar sus imágenes en algún espejo de urgencia, para direccionar la mirada (al fin) en el otro. de momento cruzaban sueltos un río verde, festejaban incluso ciertas hazañas, como volver la distancia, calor. era eso. un promiscuo vehículo de calor, esa distancia hirviendo, que fatalmente terminaba uniéndolos en ese plan verborrágico, de 365 días; en esa distancia que tienen las mesas de bar. entre (el) fuego y memorias, todavía los veo compitiendo como niños en un juego invisible, alrededor de la mesa.
me convido una intimidad profanada con los ojos, y es ahí donde creo comprenderlos, pero voy a hacer menos ruido, no quiero que me oigan ni que me vean jugando con (el) fuego...
Fue en ese momento, en la oscuridad atravesada de ambulancias fugitivas, cuando se dio cuenta de que quería contarle al doctor Rieux cómo durante todo este tiempo había en cierto modo olvidado a su mujer para entregarse entermente a buscar una brecha en el muro que lo separaba de ella. Pero fue también en ese momento cuando, al comprobar que todas las vías estaban cerradas, volvió a encontrarla en el centro de su deseo y con una explosión de dolor tan súbita que echó a correr hacia su hotel, huyendo de aquel terrible ardor que llevaba dentro, devorándole las sienes.






AC.

temor y temor.

antes del primer temblor, caminé cinco cuadras con un cordón desatado esperando que al fin se rompa algún orden. caminar con frío da dulce dolor, atrás de las ventanas están condenados a ver cómo vibra en mí el frío de esta mañana, despierto el portal, temprano. salga quien pueda, primero. salgo último de mí, con el espacio suficiente entre mis columnas, como para ver el efecto temprano del salto metódico al laboratorio. ser el sello o ser la parte de atrás del sello que graba las cosas, sobre otra superficie o ser el conejo del viernes, el salto de una mesa repleta de uñas rojas, el brillo de un vientre ante el silencio. ser-de-cuerpo-detrás-del-cuerpo-ser.
al pie de los poros altos, serenos, reptan liturgias ignífugas. ser despacio, sobre el martes de algún día como hoy, retrocede esa celebracion, sin desaparecer, guarda el principio de la continuidad como quien calla una respuesta, y se diluye delante nuestro, íntegra. todo comienza con un calor.

tarda en llegar, la llave.

todos los tiempos anteriores a la llegada de esa llave,
son incendios enteros, propios, mutuos, suyos, impropios,
cartas selectas de papel y vidrio, barbaridades de mascota;
resumen fiebre mal clavada con alfileres en dos egos,
desesperados frente a un espejo, ahogados en un árbol.
se arrodillan la vida, el uno al otro, para quitar lo que poner,
para cambiar lo que dejar quieto, para frenar lo que se dijo,
para estirar lo incierto por incierto;
desprenden el suelo con el imán que ostentan en silencio,
encierran todas las palabras cuando besan, sus bocas.
saben los lugares del oler, del restringir, mirando,
tirando mordiscos a tientas entre las heridas limpias.
saben matarse hasta volver a nacer, invierten juegos,
juegan a las cosquillas en los huesos, donde hiere.
se encriptan las humedades, vulgarmente de modo elegante;
las miradas tan reclamadas y ausentes rompen la ventana,
ciertas cuando entran, alteran el significado antiguo:
serán choques entre choques. volverá el invierno,
donde se prestaban una llave, dos almas inquietas,
prontas a ser amadas, dentro de un cuerpo,
de dos cuerpos, de la mismísima mirada
de quien dijo estas palabras, mientras perdía las llaves.
Estoy ahí.
Comiendo el vacío
que dejás para mí.
Con estos ojos
amordazados,
con esta boca
asfixiada.
Estoy ahí.
Lleno de mí, en vos.
Inmóvil,
esperando
que vuelvas,
que abras
los brazos
donde paso
el mejor
tiempo de vivir.
Ahí dentro.
Estoy.
Muerto como una puerta.

informe de un acompañamiento terapéutico conmigo(mismo), durante el lapso de un instante.

no poder reconocer el espacio que existe (¿existe?) entre mi cuerpo y el objeto,
se transforma en un filtro de cera; en un pantano donde la mirada se arrastra, se humedece de oscuridad, después de siglos de lata, con el yo colagando como una melena, detrás de los ojos; para arribar al objeto, con la sed involuntaria de saber. cabe reconocer que el proceso cognoscitivo (en un instante, cristalino como infinito) rompe la quietud desoladora del cogito cartesiano. y en ese instante, donde no existen las paredes, donde se quiebra el ritmo, donde cuelga el búho; sigo detrás de mi dirección, la de mi cuerpo yendo, dividido en dos, de frente a lo inscomprensible de comprender. llegando tarde a mi existencia; siendo. deseando ya ser nada. pero reconocerme como nada sería imposible sin morir. me llevaria a una silenciosa falacia: poder reconocer algo, una vez muerto. ser-morir. poder olvidar de repente que aún quedaban futuros por dejar en el pasado, es otro instante: la capacidad de formar parte del espacio, dejando en un ropero al ser y su mascota el deseo.
el paciente reconoce incomodidad, me pide que lo deje solo. se acerca a la ventana y me pide una hoja en blanco. escribe copiósamente. me devuelve un texto que se titula: acompañamiento terapéutico conmigo(mismo), duranto el lapso de un instante.
lo leo en silencio.
termina mi guardia, me retiro.
mi nariz altiva hierve tus naves, desayuna tu brebaje con la lengua. en toda tu boca se hunde, hurgando los relojes que cuelgan, sin horas, de tus costillas de saliva celeste. allí se puede oler cómo corren tus dientes sin mirar, cómo se aceleran de uñas, y chocan, el cristal ciego de la sepultura.

(se hincha un suspiro)

ansia del perfecto animal que trepa los poros, crispa el flujo. opera en la frente de los pelos cada serpiente eléctrica. se cortan tus brazos con el frio húmedo. pero tus oídos se repiten en voz baja (para que no olvides): el niño tiene la fiebre del sollozo de arena; las lágrimas serán dinamita en el vientre; creerán luz todas tus salidas con secas heridas; te verán chocando contra el color blanco, en compañía del ruego hecho carne, con la histeria vestida a medias.



asciendo,
haciendo.
desciendo;
deshaciendo.


__

el camino de las llagas ya tiene un dueño.

lo agrio que chorrea el abandono,
que te hace repetir
sangres mordidas,
ángulos rotos por esperma;
compone esa visión contaminada,
por el reto de la soledad
amontonada en un(tu) espejo,
(los ecos de no ser en nadie, algo)
estanca en reduccionismos,
los desechos del que duele,
los escombros de mis pasos.

el transcurrir de una sensación melancólica susceptible a la experiencia somática.

__





me encuentro entero como un diamante frente a mis extremos.
pero sólo me puedo ver así, lejano como inalcanzable.

ni bien siento que llego al otro lado de mí cuerpo,
un remolino ciego me arrebata la cintura, por la espalda,
me retrotrae a la posición negra.

ciertamente, no estoy ni lejos ni cerca de mí.
detrás de las manos, suelo ser un fiel voyeurista
de mi propia debacle corporal.




__





con el sueño casi ya sin dueño,
mis manos trepan la impresión prepotente del frío,
que sucede al paso de la sangre ya mordida.

goteando metal, las manos, sin control,
conducen todos mis dolores delante de mi cuerpo yecto;
con un lazo de cuerdas secas atan mis piernas,
y me sueltan al laberinto.



__
las piedras
arriban revueltas.

encriptan polvo
que de a cucharadas
alimenta espacios:

los vuelve indicios.



__



mientras
me repliego
entre los huesos,
los ecos
de mi ausencia
se suscriben
a una comparsa
incompetente
de palabras
que perdieron
el misterio.
así se abotonan
en tu espada,
así se suben fuerte
a tu garganta
que quiere
escupir el terror
de pronunciarlas.





__

i.limitado.

acelera con las manos
sujetadas por los pies.

álzalas al choque,
lánzalas al fuego del frío,


sujeta tu cara inagotable.


abre el agua,
el aire,
la tierra,
el fuego.

yace en el tronco quieto,
vivo.

serenidad.

estas palabras
ya fueron dichas.
salen de la moderación,
cuando se quita el suelo.
desde el estómago,
hasta los dedos;
interceptando
a la acción:
el desequilibrio.
salvajes
como esquirlas,
sin dueño
tiñen libretos,
esconden materia
a la vista
de todos,
para redactar
el imperio agujereado
del último límite;
el que habla de amor,
sin que le pregunten por él.
la piel:
de-limita al sujeto
del objeto;
esa vía,
la que tiene el amor,
para tatuarse
entre los huesos,
ya había dicho
todo esto.

la metáfora
sonríe cómplice.-

caminando de espaldas hacia la neurosis.

...



y ni ese dolor,
el de sangrar,
ni el de doler,
frenaron la trompada.



ahora, recién ahora,
puedo acordarme
de tu cara.
no muy claramente,
te veo ausente
como detrás
de un vidrio roto.
astillado.
creo que quedé vacío,
de amor y de odio.
me encantaría seguir
amándote.
odiándote.
pero no quedó nada.
no veo del otro lado.
no puedo
amar ni odiar
a alguien que no veo.
evidentemente,
ese vidrio lo rompí yo.
lo sé, y todavía
me sangran las manos.



y ni ese dolor,
el de sangrar,
ni el de doler,
frenaron la trompada.



ahora, recién ahora,
puedo acordarme
de tu cara.
no muy claramente,
te veo ausente
como detrás
de un vidrio roto.
astillado.
creo que quedé vacío,
de amor y de odio.
me encantaría seguir
amándote.
odiándote.
pero no quedó nada.
no veo del otro lado.
no puedo
amar ni odiar
a alguien que no veo.
evidentemente,
ese vidrio lo rompí yo.
lo sé, y todavía
me sangran las manos.



y ni ese dolor,
el de sangrar,
ni el de doler,
frenaron la trompada.



(ad infinitum)

tesoros

hay un olor
que se quedó quieto.

y no sabe cómo irse.

pende de todo.

aún quieto,
se viene encima.

tan blanco.

retrocede como un globo desinflándose.

buscando una salida fría hacia atrás,
una sentencia mecánica de defensa.

tropieza con el aire,

se deja caer a la dentellada dulce
del pasto escindido por la ausencia,
que ya se encontraba de pie,
con la mirada en otra parte.

cree brillar cuando llora,
debajo del reflejo frio.

(como gota, cae frio. en la cara)

se recuesta aún más,

con el reflejo en la cara
ya finge placer,

por convicción,
sepulta de pasto
el propio conflicto.

queda rebotando el átomo,
dentro de un vaso.

detrás de una mosca.

¿frente al espejo?

en la ausencia.

la personalidad y los límites.

Desde hace cinco días he dejado de vivir a causa de ti, a causa de tus estúpidas cartas, por tus cartas no de espíritu sino de sexo, por tus cartas llenas de reacciones de sexo y no de razonamientos conscientes. Estoy harto de nervios, harto de razones; en lugar de protegerme, tú me agobias, me agobias por que lo que dices es errado.

Siempre has errado. Siempre me has juzgado con la sensibilidad más baja que hay en la mujer. Te empeñas en no admitir ninguna de mis razones. Pero a mí ya no me quedan razones, ya no tengo nada de qué disculparme, ya no tengo nada que discutir contigo. Conozco mi vida y eso me alcanza. Y en el instante en que comienzo a meterme en mi vida, más y más me socavas, causas mi desesperación; cuantos más motivos te doy para esperar, para que seas paciente, para tolerarme, más encarnizadamente te empeñas en destrozarme, en hacerme perder los beneficios
logrados, más intolerante eres con mis males.

Del espíritu lo desconoces todo, nada sabes de la enfermedad. Todo lo juzgas llevada por las apariencias externas. Pero yo conozco mi interior, ¿verdad?, Y cuando te grito no hay nada en mí, nada en mi persona, que no sea causado por la existencia de un mal anterior a mí mismo, previo a mi voluntad, nada en ninguna de mis más inmundas reacciones que no provenga exclusivamente de mi enfermedad y no le fuera imputable, sea cual sea el caso, vuelves a esgrimir tus razones equivocadas que se fijan en los detalles nimios de mi persona, que me condenan por lo más mezquino.

Pero cualquier cosa que yo haya podido hacer de mi vida, ¿no es verdad? No me ha impedido retornar paulatinamente a mi ser e instalarme un poco más cada día. En ese ser que la enfermedad me había arrebatado y que los reflujos de la vida me reintegran pedazo a pedazo. Si no supieras a qué me había entregado para limitar o extirpar los dolores de esa separación intolerable, tolerarías mis desequilibrios, mis estruendos, ese desmoronamiento de mi persona física, esas ausencias, esos achatamientos.

Y en virtud de que supones que se deben al uso de una sustancia, que de sólo nombrarla oscurece tu razón, me acosas, me amenazas, me arrastras a la locura, me destrozas con tus manos ira la materia misma de mi cerebro. Sí, me obligas a obstinarme más conmigo mismo, cada una de tus cartas parte a mi espíritu en dos, me tira a insensatos callejones sin salida, me destruye con desesperaciones, con furores. No puedo más, te he gritado suficiente. Deja de razonar con tu sexo, asimila de una vez la vida, toda la vida, ábrete a la vida, mira las cosas, mírame, renuncia, y deja al menos que la vida me abandone, se expanda ante mí, en mí. No me agobies. Basta.

La Cuadrícula es un momento espantoso para la sensibilidad, la materia.

Extraído de "L'ombilic des Limbes, Le pèse nerfs" 1926.

--

Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.
No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo...
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.

Fervor de Buenos Aires (1923)

silencio.

Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.

O.P.

--

se sostiene
el tiempo,
como mosca,
entre nuestros
precipicios
decorados,
sometidos a
la angustia
de elegir
a cada instante
no elegirnos.

descenso.

se suelta la mano.
de la cadena
libre,
ahora.
atrapa al tobillo,
preso,
de su propio
peso.
con la mano
suelta,
de la mano,
camina, sin rumbo
el tobillo,
ya suelto.
libre,
de su propio
peso,
al pie,
despierto.
ayer preso,
tercero,
un cardo
ciego,
se nace
de prepo,
y dice
sin mirar
a nadie:

"tengo los dientes sueltos".-

ballena.

En el continuo acto
de construir tres dimensiones
desde el llano y fatal
sentimiento de vivir,
se incrusta cada pieza
del servicio cultural;
para el sutil desparpajo
de la destrucción
tecno-magnificada
por la brutal
desesperación de una especie,
que no hace otra cosa
que escapar hacia
sí misma.

XVII

encerrado,
detrás de los dientes,
veo pasar
todas las palabras.
dentro de la saliva,
las huellas
se ven gigantes:
pasaron lobos
y misterio blanco.

_

se encontró,
en el cilindro,
cayendo
sobre un invierno
encendido
con las flores
en la boca,
transitando
un día recostado,
que arroja cielo
hacia arriba,
y llueve suelo
hacia abajo.


ya en el extremo caudal susurra una voz que sopla saliva y envejece:

- Las flores murieron en primavera.-

VIII

trece dolores de hielo
despierta
la cuerda sujeta
a su propio cuerpo.


atarse a sí mismo
y caminar.
todos los árboles,
que alguna vez
imaginé ciego,
dispararon ramas;
y se volvieron venas
despiertas, listas
para llenarme el cuerpo
de sangre:
sólo cuando pude ver,
sangré.
...y sigue besando al ser aquel que mira quieto, desde el patio trasero de un cuerpo ausente. pero aún hoy ríe un recuerdo; un secreto mal contado de invierno sin piernas, al ritmo sin horas del viento en las venas que provocaban las bocas y sus chispas. Vibra la celebración de su cuerpo frágil ante el abismo del recuerdo; y, con los besos temblando entre los dedos, deja caer al ser aquel, por su otra faz; hacia el olvido mismo que tiene la puerta de la distracción...
llegó completa, envuelta en el tiempo existencial, para incendiar el témpano y alejar el pozo de las sillas viejas que aún chillan proyectos de sabiduría, hoy publicados en el campo obsecuente de una telaraña pública que alimenta el ego anoréxico a precio de feria. la sangre tapiza el patetismo de quien ríe primero; termina por cortar las patas largas de las sillas y se cuelga de la tripa antigua que contiene al síntoma y su verborragia. arriba, en el cuello, sólo futuro. llegó íntegra, como el viento que no pide permiso para volar del suelo viejos brazaletes; por eso: bienvenida, la mesa está servida para que riamos últimos.

vista gorda.

Fuera de un cuarto elemento
se quebró la llave del secreto,
que fue inventada de apuro
por el cambio de un signo;
aquello que escapa
al recreo de los ciegos
capaces de gritar precipicios
de letras archivadas,
donde el sutil desparpajo
aliena vírgenes de voz hueca.
La lección imperdurable
fue escrita por el sosiego,
que cotejó una estela
dríade sin árboles
y un impío lugar
de pelos castrados
y puertas abiertas.
Detalles inmunes como migas
fueron tragados por la asfixia
del primer sentido
libre de engranajes,
que funciona a la perfección
desde el día en que
la acritud se volvió potencial.
El agua de invitación
hace carne al pasto
de conversar al costado
de los oídos negros;
contrae los climas
del milenio siguiente
en una manzana
que almuerza gusanos.
Cuando supo venir al río,
dejó olvidado bajo un cartel
lo impasible de sus pies
que duermen despiertos
en los anillos del frío;
aunque ya sin viento,
la costa es infinita
de mecanicismo experto
en romper ciclos,
sin causas ni efectos.
No sé de qué manera llega el témpano de la angustia,
pero se aloja con tanta facilidad, ahí en el centro de mí
que así de estar tanto en cordialidad con mis bordes
me acostumbro a sus altas paredes mudas, blancas.











Hoy es el pozo.
Arriba está el pasado y el futuro.
¿Los ves?
No son más que bordes,
ahí donde van todos los olores,
el cuello.

hoy todo tiene el color del pozo
un brazalete de dolor
en el tobillo.
Se apuran los adoquines yendo en peso de sombra hacia los refugiados en camas, que duermen despiertos las sábanas de "alguna vez", el café "de aquella no-vez" o el tercer "sí aquel" que no tiene que saberse. La pared que supo, no necesitaba poner de pie su atención rígida tan vulnerable. Su contemplación es del siempre. Riendo (y a su pesar), se llenó el vicio; y se colmó la magia del continuo alejamiento que anhela no ser percibido; sin esperma en las manos donde yace la vértebra y el siervo que verde trepa los árboles. La carga de la garganta, que se viste de tiempo y que acusa excusas, llena los acertijos con la baba temprana que se va a soltar después de que sepan las paredes otra vez. Los sabores están de ciega sorpresa con los restos de vulvas que brotan y que se apantallan los lugares, con el barro protestante del amor resquebrajado, del pasado temprano de no empezar a vivir hoy en unos cuantos futuros anteriores, donde poder ver frágil una capa negra que se asoma por debajo de la cama, "inocente". Imposible como idiota el intento por desaparecer la pertenencia. Algunos árboles escuché nacer, blandos como la infancia que antecede a morir, remontando los perfectos pretextos que quiebran la estadía asegurada del búho necesariamente sordo. Saber, antes o después de que se vaya a soltar la baba, se pisa con los dos pies las esquinas microscópicas que se pueden ver dentro de un fallido silencio. Inesperado es el viento, arremolinado de lugares mudos; donde guardan prisa los conejos quietos, es que vive el verbo querer. Mañana significaba perdón...
La materia no está presente
en el acto de saberme mosca,
pido revancha.
Dos lunas sordas
dictaminan en simultaneo
la marea de polvo que me rodea.
Beatriz no sabe si pedir café
o renovar el pasaporte.
El agua de un hongo; ¿es visible la esencia?
No más percibir un giro de luz,
que todo el parecido que puede tener
un reloj con una gota de aceite,
marca el retroceso o el avance
de algún pensamiento
que yacía estancado
en el lote marrón de lo indefinido.
Dos desayunos bajo la triste mirada
de un ciprés que me protege del viento,
saturan los sentimientos lobos.
gira el volcán
en la periferia
de los dientes,
donde el menor
esfuerzo de la apatía
inventa un cubo
de hielo y tierra,
para invadir
el escondite de la encía
con el frío negro
de la piel de un elefante.

ha dejado lleno al vacío
el toldo de la lengua,
con cuatro ciudades
amontonadas en el fondo
de un lunar entero.

con la espalda
en la garganta,
se lleva la vida
tu beso.
despierta una piedra entera,
con la tormenta de tener
ninguna certeza más que
verse golpeada por
una acaudalada y
misteriosa humedad.

se frena el río en un dique de cuello alto.
el río que vuelve de ser lo que no era,
y que lleva en sus pies las medallas oxidadas
de una batalla extinta contra los musgos barbudos
inesperadamente cotidianos.

se trata de accidentes y piedras el cuello que,
lleno de fortuna, descansa sobre la tierra;
la tierra que refrenda un acontecimiento en silencio:
el agua que besa a la piedra.

La tierra que es amiga de las piedras,
que puede negar el aire tanto a los
los muertos como a los vivos,
sostiene el acontecimiento y
determina sin paz el equilibrio astillado.
la tierra pidió a gritos agua entre sus grietas,
pero sólo consiguió llenarse de piedras hasta el cuello.
la aparición de lo inconmensurable, no hizo otra cosa que vislumbrar el final de una época. llevó el envión hasta la boca castrada del amor, se vistió de él, pintó 3 colores de él. hasta que indujo pensar que ya nadie encuentra vértices en los círculos del amor. desmantelado el nudo de viento, la espera ya es pasiva, afortunadamente.
OH Beatriz! La mañana está en sus mirares!
¿Renació su voluntad?
Brillantes láminas de un pastel de beso
asombran a cuanto pájaro sol que
pase y mire la situación le comento...

Línea sobre línea y el oscilar del viajero
de una comedia de maní que no empieza,
que no termina.
La gota de sonido tuya e inmensa.
Bailarines, detrás de los ramos,
bailarines de tu silencio.

ya oímos el reflejo que llenarás el sol.

desenredando el abismo hacia el pie, sin los brazos húmedos de donde sostener el cambio de la materia, tras el golpe de la mosca en la frente, bajando entre subidas los escalones verdes del tiempo, es que alcanzo la última bocanada de vos.
de modo que, sin saber de tus ojos, me tomé de tu fragilidad para borrarte el mundo con las manos de un ciego. En hilos de hilos, la cuerda te crece hijos, abarrotando los muros con milagros.
el vehículo de la palabra
quiebra el presente.

establecido el tiempo
delante de la nariz, frágil,
de color tieso y vanidoso;
asomó la esquina desmoronada
de un deseo escrito,
pendulando entre secretos
mal contados:

los colmillos,
que atestados de bocados
no masticados, anímicos,
abatidos por dos manos
y todos sus dedos
científicamente
comprobados;
almorzaron un amor.


se conservan en el aire
que hoy llueve verde,
secreto y en astillas:
ayer y cartón húmedo:

antes de llegar
al suelo no tan quieto
como inverosímil;
sus líneas y sus olores
cobran lugar
fuera de las ventanas
como el recuerdo impregnado
en la distancia física.


sobre el vidrio vacío,
el cuerpo sin carne
se pisa una vena
vacía de sangre.
y mira.

la tijera cortó la flor.

se vistieron de huida las polillas,
dejaron el lunar y la espalda,
y dejaron de estar en la tierra,
para ser nube, la que mastica
lo único que te permitía dar sombra.

estreno del pasado
para mover,
hoy,
hacia la esquina
de tus miedos,
todos mis ruidos
más silenciosos.
donde suspende el cuerpo
su sonido,
ayer,
un río se quebró;
en el aire, fértil,
tan blanco,
se cae el agua
secreta,
en astillas.






él, ciego,
contempla un tronco,
o su sabor
de noche sin destino.






mañanas que se jactan
de intrínsecas,
terminan ya dilatadas
por el eco eterno
del color de una sílfide.






.
se encierra la tijera,
de color,
de lo que no se ha dicho;
acelera el diente,
sobre el suelo de madera,
que abre su puerta
hacia el centro,
hasta el núcleo
del corte sin filo.
la fila,
de recipientes vacíos,
suya y primera.
arrodilla, marchita,
la copa entre los nervios.
el suelo, repleto
de raíces vanidosas
le sostiene las alturas,
pretéritas.
se quema el mensaje
de aceites azules,
el perro principio.
los vagones de carne
increpan la palabra.
desencajada,
su cara rema lágrimas.
¿quién la veía suelta, corriendo la noche detrás de un duende?

desde algún lugar del pasto, ¿se podían ver los bordes del vestido que volaba hermético?

¿alguien ha sido capaz de cerrar sus alas en la imaginación, para guardarla en un instante de vidrio?-

donde se encuentra la respuesta, es que existe la distancia, de pie al mar. se cierra la ventana donde algo proyecta los primeros bombardeos del sol; ya desde la punta de una mesa se divisa la primera esquina de algún mes mal llamado noviembre.
con cuidado, tengo las defensas contadas.
en un pozo de ciclos y telarañas azules, de donde no se pueden escapar las palabras viejas, estalla de babas trabadas una lengua que pierde el sonido cuando habla; una lengua que grita lana en los costados, que quiere derrumbar los manicomios del oxígeno. en mi lugar, miro sin horas la ausencia prepotente y mastico el árbol que con el agua almacenada me detiene las llagas y el fuego.

el día que más solo he visto

el estaño migra- creo haber dicho ninguna vez - en la producción de los momentos, esmalte dríade sostiene las preguntas; el azul de mis cobardías, de mi única nobleza, la que admite sólo una compañía, habrá estado entre los brazos; él sin él; en las ruedas se destruye la ira, y el óxido, las definiciones de no necesitar definir, ni todas las listas que escapan y embriagan la curva; desprende la piedra una piedra más en la luz de los espacios salientes.

"... cerca de él estaba sentado un hombre descalzo que leía el periódico..."


repregunto y reconsidero, al mismo tiempo, toda mi sabiduría de lata en el último mojón de marcas frías de agua, en una mesa para tres donde sólo hay dos. ya visita al hormiguero la cruz calva, sigue el sonido de la hoja que no sabe que sabe del sentido aplicado a la materia. el agua vela mirar la corrida lógica del sincronismo donde
puedo proclamar muchas horas más dentro del agua, con la presencia de las cruces y la contundencia estéril de llorar el suelo con el canto gris débil.


"... una niña débil, con la camisa del pijama estaba al lado de una bomba de agua y miraba a K, mientras el agua caía en su jarra..."


siempre caigo en el mismo anhelo de escribir mi muerte, respirando hacia atrás el ritmo de querer decirla mediante símbolos períclitos. se crispan los dedos de no saber decir la muerte en una hoja tan vulgar. tejer el calor donde es inmundo lo que imprime esta flecha hacia el centro de un caballo; quién lleva el decir de todo lo escrito, nadie ya podrá saber (si se pueden saber) todas las verdades. han de estar incomunicados todos los lugares al negar las islas, hijas del mismo suelo que pertenece a todos los momentos; el mismo instante donde se nace y se muere da lugar, como mera palabra plástica, a la sutil degradación de mis vuelcos, aunque insiste la hiedra en su alojamiento temprano y abraza mis pulmones con su lengua negra.
cruzan sin espacio las esquinas, todo el agua; él come su almuerzo como su frente come reflejos, la luz y el pelo entrecano. ya se confunden las risas con los cangrejos y los conejos. traen veredas huecas en la consigna que trina su estar siendo una vida en retroceso, caminando por el borde de un espejo; ya que cruza el cielo y corrompe el misterio, veo, ya sin órbita sorda, la muerte que vibra en las sonrisas y alguien, que no quiso hacer daño, inventó el color rosa para pegarlo en las remeras; la república reloj es medir reacciones como charcos de lana en vientos de palizas, escaparate de simetrías, vestidas al domingo que tan fácil deja mirar la muerte sin saber nada de ella.
encuentro profundidad, lo hondo,
en el cielo.
hago pie en la luna, en el sol.
pide primeros auxilios o un salvataje vegetal que haga las veces de remitente de una
carta que se escribe con la cara llena de vértigos, con los ojos llenos de letras.
o bien interrumpe el ciclo del agua que explota en tu expresión roma.
arrulla la encía al grito mudo que choca el diente y vence el color, gime un adagio hostil de cueros en hebras de cascadas roncas, el agua y la piedra detrás del instante; el átomo de eternidad.
incrustado en la artesanía
de morir despierto,
son dos mundos que comparto
a medida que transcurro
todas estas mañanas curvas,
dentro de mí,
a grandes velocidades
por las venas más largas
que son grandes vidrieras
de las caras menos vistas,
por estos ojos sin carne:
terminales
del inverso conocer(me)
a contra pierna.
una caída
en la llama
después de llegar,
llamó el silencio
a silencio,
en voz baja.
dio las herramientas
secas
del perdedor
y la soltura
de quién rompe
una ventana en el agua;
el caballo fue alimento
para la huída.
si no está,
un árbol
arde antes
del incendio
como el
cuerpo atado y libre
de alguien que
quiso espiar una boca.
la lengua
al servicio de
lo áspero.
cerré el sueño antes de dormir con el cordón de hielo, triste y firme, donde las cosas ya no tienen sabor. con el abdomen suben los temblores, bajan los pulmones hasta la cintura y se aplastan, queman la espalda. de estas manos con hélices y árboles, que rompen madres, voy a dejar partir el último credo de arena que tanto necesitás y que tanto pedís en las lunas; esperando ver de una vez por todas el desierto llenándote los ojos y las muelas. aunque si hubiese podido evitar llorar la noche, saldrían estos perros de mi cuerpo que pueden colmarme de vidrio, que pueden vaciarme de oxígeno. pero tengo planeado limpiar mis paredes hasta que no vuelva a nacer; y, mientras puedas usar los ojos, voy a demostrarte que mis grietas conservan tus leones muertos, una gris fotografía mutilada por el mar y una decena de pelos descreídos de aquella consigna que pregonan, ya sin voz, tus veinte muertes.
cuántas maneras de sentir el calor y la humedad pude resumir, tan poco tiempo atrás (miro para atrás y está pasando todavía); tan sólo con olerte.


son barricadas los lugares sin esa información que robo con tu aquíescencia.


nada contiene la veleidad de cualquier viento sin el mombre para oler que tiene tu cuello, tatuado para narices;


ya voy a tomar carrera para la próxima bocanada, con mis fosas nasales llenas de bolsas vacías, listas para estar llenas.

debo reconocer que hay más olores, como el que proviene de la boca.

tu boca analgésica en mi frente, de mi curva y en mis armas artesanales; tu aliento.


es por ahí que se consigue el imán, creí leerte en un ojo, que abre y cierra telones de búhos apurados.
volvía al extremo la subida
contra la lluvia de un continente
en la cara, de las manos mojadas
bajaban del abrigo, manos mojadas.
era irremediable matar gotas
en los escalones, daba lo mismo
subir con pies o manos mojadas
exageró un espejo de la gota
a punto de ser plana,
ya sin saber la mano o el pie
preguntó helada una manga:
¿dónde termina la escalera?
en la casa de una araña-
estornudó la espalda.
¿no ves que te ofrezco
las llagas? giró el espejo-
atrás suben las pirámides
de gamuza, rellenas de
chocolate, y la señora
muy cuidadosamente
anuda el repasador.
trajo una mampara
clavada en la mano
diciendo lo que es el filo:
"que de la limpieza
el horror
finge aprendiz"
deletreaba su grieta,
la del brazo escondite.
las siestas en las manzanas,
donde escuchaba paredes
violetas de la espalda,
queman un sobrino
a las cuatro de la tarde.
"¡tengo un reloj en el talón!"
le salía del pulover
la letra escrita con azucar;
el hombre existía
como el café
de taza en taza.
viendo escotes
a los saltos,
terminando el día
con los otros
restos de café.










explicaban cientos de métodos para chocar el vidrio.
eligieron de forma unánime el entierro.










en-
tierra
la
cabeza
en
una
vidriera.
el
suelo
es
una
burbuja inmensa



que
nos quiere
decir
algo:












todo escapa
hacia arriba,
sube arrítmico
una montaña
de sueño
viendo cómo
se te escapa
la orilla,
desde el agua fría.














"nada que hace bien a los pulmones,
el agua nos suicida cómodamente".










era lo que
efectivamente
no decía al
soltarme
de estos
efectos anárquicos
de proclamar
missinsaboressinsaborsiquiera.
untame tu brea fría, íntima,
desde el lunar que prefieras;
en los mayores dolores,
presentes, posibles, estériles;
desde algún baño que tengas;
de verde; que empiecen,
en los lugares de una sombra,
los clavos que se detienen,
en tu encia, pristina;
con todos los esfuerzos,
luego, sonreile a una gema,
primera, que enrolla al argumento,
y al viento; y jueguemos, al fuego;
como argumento indispensable,
después de una estadía fría,
en la ira verde de los dragones.
ya tengo tus vidrios en el bolsillo interno de mi montaña.
no explotes.
míralo,
estela,
fastidia,
esquina,
cintura,
collar,
perfume,
septiembre,
lobo,
colmena,
secarlo,
merienda,
espina,
hastía,
interpretar,
plato,
rigor,
deseo,
octavo,
nunca,
lambrija,
receptor,
aluminio,
lote,
galbana,
territorio,
flecha,
tierra,
morir
hasta
nacer.
suerte de pesataña
que esquiva el bulto.
primer servilletero
de todo aquello
que revienta
una autopista sucia
de la ciudad
que no tiene autos;
donde los
pañales sucios,
llenos de pezones,
resisten las
cosas que cuelgan.
los premios solteros.
investigando las estaciones
se perpetuará el amar
para vaciar una pena
que termina y vibra
de secarse ocho libros
escritos sin palabras,
de aquel que no esperó
los soles lejos del suelo
limpiando objetos de alguien
que mira por debajo
de la ropa; por encima
de los ojos;
y deja en todos los rincones
una marca de escondite
para estar y llenarse
del veneno más oxígeno.
rebelión en las cuatro
paredes del amortiguarme,
cuando temprano;
sin terminar los días
que anteceden al presente,
doce siglos después
que bostezó el seminario
de palabras sabias,
con las tristes picardías
de un pájaro de bronce,
se reveló delante de mí
el trofeo estirado
por las pasiones,
transferidas directamente
desde la rotonda
del árbol que informa
la forma en que puedo decir algo
sin decir nada;
al momento
que nadie puede oler el pasado
de mis dos sombras; obvias,
caricaturas arquetípicas
del abdomen antiguo; ya que,
dentro de este momento,
pregunto por todos los demás momentos,
en los que serios y apáticos ojos
tendrán el objeto
frente a su paleta vacía de colores,
para colocar sobre tu pestaña grieta
cada uno de los moños
sin camisa a modo de souvenir.


harta hasta las piedras,
me ofrece jugar al invierno
como si fuesen calles;
no es sino un deseo chato que brota
el perro de mi frente segura, que está
totalmente dispuesta a chocar
con el invento del viento:
astuto roedor de caras;
mensajero de otra luna
que escupe mareas de autorretratos,
ásperos, in- necesaria-mente - fastidiosos,
cuando la vuelta es de nubosidad variable.
cuando se rompe la flecha del tiempo, leño.





voy a fumar hasta que vuelva a nacer.
quizás detenido entre las piernas
de tu átomo preferido.

La mirada tímida de un yacimiento del mineral menos preciado

- no trasciende
el interior negro,
se congela
despegado de los costados,
mientras que
el pulmón elefante,
se hamaca
como una cortina soltera
de verduras húmedas,
que ya no visitan
ninguna tarde,
ni siquiera a un grillo.-
el manojo
de sensaciones
recurrentes,
escondido,
no puede oír
la línea verde
de un guante
plástico suicidado,
que le llueve
como caramelo,
con el fin
de transformarlo
en agujero
en la cabeza,
donde tropieza
una hormiga
que no puede
autodestruirse,
o que no "piensa antes de existir";
pero llega último y sonriente
al aguero el tronco gris y rosa,
navegando los ríos
de la sangre carne,
madre definitiva;
con el suceso hastío
de ser oxígeno
para evocar la respiración
de las huellas que viven
de pie, en el fondo de un
sonido líquido de movimiento.



ciego el río se estrella de sol,
se come la piel,
incendia un desierto
y su sinónimo más cercano:
la soledad.

(se supone que en el fondo del río también hay un desierto)

"la mirada tímida
de un yacimiento
del mineral
menos preciado."

llámalo

tengo un hilo atado en la nariz que tiene las dos puntas de tu olor; ese olor a mientrasmehablás.

hasta acá

Los actores de esta película de papel
no necesitan libretos, ni directores.
aparentemente cada uno tiene un rol definido
que dicta un creador sin manos, sin ojos
sin dejar muchas opciones a la vista.
Pese a eso, los actores parecen desenvolverse
bastante bien dentro de los límites impuestos.
a un costado de la nada,
el sinsentido toma por asalto
cada palabra suelta
un puñado de bocas.
el sinsentido se hace presente
como una figura de mazapán,
y acá los cuerpos perdieron el espinazo
y así su sostén y su equilibrio,
se desploman como lágrimas,
caen como planetas,
suben al piso de estas horas
para bajar, y caer.
el anhelo de atisbar el precipicio
el cielo como red,
las lámparas como silbido de luz.

armenia

Detrás de un intento de inmiscuirse de entre los ramos del omnímodo y vertiginoso poder de sinapsis voluntaria y apabullante (inalcanzable en este caso), cobra difusión instantánea la horrorosa balaustrada proveniente de su figura infausta. Es claro, no estamos ante un hecho ininteligible. Cualquiera de nosotros se daría cuenta al fin y al cabo. - Oh, la rata salta de tecla en tecla, sangrante, pues no atina a entregarse sin ver antes la sonrisa fiel del bebe eterno, claro que sí, en los brazos del guerrero sin rostro. Sábete pululante e incomprensible bajo el humo de un barro tibio de pozo inicuo, maldito aciago suspiro de la descalabradura abominable de un ciempiés asmático.

sostenido

y tu vida será,


si tus lunares


saldrán del cuerpo


al vidrio


y a la caspa


de tus ideas,


que el


conocerte es la guerra.


retroceder el vaso


de cancer


no hace al poeta.


y tu vida fue,


no tiene peso,


quedan tus pelos.


cortátelos


y mostrá tu


garganta rústica:


ahí es huésped


el alimento joven.


eso que comés


para desestimar


el vacío de tu vientre.


empujá tu agujero


y


ahogate con semen,


tus hijos estarán


agradecidos.

alfombra de olfato

sin embargo
no te detengo
las medias,
sólo por no
dejar quieta
tu humedad.
que subía...

nunca hay nada que decir

Antes de poder encontrar la dirección de tu ciudad asustada, que huye del espejo y hasta cree que salta de frío, reintegro el saco de arena que tomé de la mesa, ese que guardás tan celosamente entre diarios. Esta vez vacío. Sí. Ya no te esperás ni murmurás arvejas de mirar acá. Por cierto, tuyos los beneficios de poder aislar todo en un perro de pasto. Asisto a ese demonio de cera verde que se espanta de existir entre la estética de aturdir en silencio y romper vasos con los miedos ajenos. Y me trepo de sus testículos; colapsa su identidad; vira en mí el valetudinario asco de oír su quejido ciego de causa roble, lleno de pelos en la boca (como la noche). Corrompe mi nariz, astucia de maíz, abrazo “elacerodelospeces” previo a la noche. ¿Me das las manos que te llevaste allá tan lejos? Ahora, si existiese, me quedaría un rato hasta que se haga de nuevo hoy, solo que no me quedó el miedo en las uñas. Me aleccioné cuando estornudé el espejo; yo no huyo, te observo desafinado como este violín
que llevás de mí entre los ceniceros; certero el primero que suena de sus llantos, diferente sin dudas
al de los demás violines que lo miran de pena hasta respirar la sal del último suspiro-llanto que profana el silencio aquel guardado en un vidrio con tus otros silencios.

Langostas, las.

El olvidado en un parque de agua, vacío de gente, adopta por la espalda una familia de langostas que llegan de aceite por detrás del cuerpo, para pasar unas vacaciones sobre sus/las cálidas pieles que aún recuerda (Aquel cuerpo triangular lo vieron llorar
algunos hombres, con pantalones y préstamos, y algunos pasteles voyeuristas). En el sentido caudal de su barrida sensible el proceder primitivo, su reflejo más arcaico, predijo el suceso que
devino la sequía (las langostas) que borró la propia mirada de acto. Esta sequía óptica motivó el desarraigo impertinente de la noción de sí; el no verse la piel, fue quizás la pérdida más grande que tuvo que sufrir. Sin embargo pudo atarse mares y continentes en los tobillos, pudo rezarle a sus rodillas que: dejó atrás ciertos búhos que viven a un costado del verano, aunque olvidó mencionar que quedaron pegados del otro lado del vidrio que solo los búhos pueden ver. Alguien soñó que él solo cortaba cables y noches con las langostas, y que coleccionaba botellas
de agua mineral vacías de langostas. Él sentía que lo habían
olvidado.

un perro caminaba tanto que una vez...

tenía la invitación al incendio
bien guardada y conservada,
pero llegué tarde.
aún hoy me pregunto
si eso me fue beneficioso,
si me es beneficioso.
sí considero favorable,
si a esta altura cabe
considerar algo favorable,
la forma que tiene un diálogo.
este diálogo desde una garganta


(...)


hacia otra garganta.
















tragá saliva que desaparezco.
de una garganta.
hasta la otra.











(quisiera creer que no querés apagar un incendio con saliva)

los bla bla bla que la lluvia genera


volvía de romper el escalón
doblando por debajo
del brazo derecho
con una bolsa frenética
en la otra mano.
en la esquina más precisamente,
pude ver claramente
la cara del que está mojado.
lo que arruga al que mira,
detrás de la la cortina de agua
que estira las impresiones
y envejece los momentos.
en los ojos,
las gotas,
son elefantes.

abril.

Cubre
al
ombligo
tierra
del
sangrar,
hasta
saltar
el
sonido.
tus
tropas
de
puño
dental
no
se
escuchaban.
hagamos
sopa
con
tus
sobrinas,
generador
intermitente
de
lagañas.
cuando
me
vea
matinée
abrazando
la
despedida
de
los
árboles;
sino aquel chillido
que hacés, una araña
en remera.
vaso de cáncer,
y no soporto
el conejo de cintura
y
dos niños prontos
a ser fritos
para el banquete familiar.

23% de cartílago

salir del agua con las muertes
en un rincón transparente del río
fue el primer paso del pez
que intentó la transformación
ciega.
colocar los colores del rincón transparente
sobre la frente del pez
fue el segundo paso del zorro
que logró la limitación
en cada intento.
(fue en vano)
derrapando los hombros
de una torpe cosquilla
de complicidad
se agita el ramo negro
dándole cabello a un espíritu
de ojos mil suaves.
campana.
terminal.
vagón erróneo.
no coincidís con una situación
(eso le da frío)
te está por atrapar
el intento de huída
por el pasillo de vidrio
que atraviesa el tren
desde sus extremos
pidiendo permiso
para ser guirnalda,
pero no te vas.
permanecés hasta que
se destiñe el falso boleto
en las manos quebradas
de quién propone
el despeñadero de viajar
con una valija en cada brazo
vacía de toneladas,
de vestidos y viñetas,
y perros falderos que huelen despacio
la pérdida del recorrido a memoria
de vuelta a casa sin patas.
desde que una vecina amable
cruza las veredas con majadería
sus secretos son de público conocimiento
hasta que logra alcanzar el máximo desinterés
de toda una cuadra hermética.
con los ojos blancos de paciencia artificial
proyecta el rechazo, ante cada golpe
de proximidad con la semejanza inevitable.
esa negación representa la más tentadora trampa
aunque es el último y el primer argumento
que conforma el acto de aojar despiadadamente,
colmando tímido el hueco permanente
de no-representar.





(la bienvenida esta gastada
cuando guardás a los apurones
la despedida de pollo hervido
abollada en el cajón de los cubiertos)

cordón

Cuando se quiso dar cuenta había volcado las arañas sobre su almohada, una a una, desde la oreja derecha. Salían como de un crucigrama chorreado. Al gusto de los sentidos palabras que gritan: "silencio! silencio!" , en un cartel sostenido ahí en el aire, por el pico de dos palomas con la cara de Majul; no son ni así suficientes para remediar el vértigo que le dan los movimientos del asiento del colectivo cuando agarra el empedrado.

si los rayos parpadean

acaricio los ceniceros
mi lengua se arrastra por recuerdos
dos brazos, cuatro brazos
abanico de maquillajes para una sola herida
el simple hecho de morder para resolver
cada cual por una pared, en una pared
vestigios amarillos en una carpeta
la úlcera de un sexo
no me impide la existencia
el río es mío.

revés

hasta que le pidió que se saque los anzuelos de los dientes, los lentes por el suelo: desvestía su cara tirando los lentes en el piso, se vestía de preguntas con los ojos descubiertos y no emitía una sola palabra. con la carcel en la boca, en las encías llevó una carcel, sí; rebotaban el frío los dedos de su frente, lo detenían hacia abajo. sugirió un abrigo temprano. se miraron como diarios húmedos dos frazadas que viven abrazadas y pisó un ciempiés atolondradamente; sus rodillas chocaban entre sí, de viento.
deja caer solamente lo líquido en acto suspensión, pero reniega de su cultivo soltando los perros con la cara, bostezando un grito que quiere romper átomos antiguos de una habitación llena de ausencias jovenes. el grillo que traías, el que me hiciste tocar en tu pecho durante un primer beso (le dijo) oxidaba sonidos.

Cenizas y Diamantes

Parado aquí escucho las voces
son cantos de gloria
sonidos secos
son ríos huecos
controlan mi memoria
Cenizas y diamantes
Parado aquí confundo los colores,
son resplandores divinos,
densa oscuridad,
fuego más velocidad,
la tumba del camino.
Cenizas y diamantes,
cenizas y...
Saludo y pateo la mirada del dolor,
laten mis sueños sobrevuelan hacia vos,
hay un túnel, una luz, una salida,
hay tres pájaros espejos en caída,
un sabor que nace de tu respiración,
amargo amor, cenizas y diamantes, pasión,
amargo amor.
Cenizas y diamantes




genio Palo

La mitad del sol tiene sus ojos, la otra mitad las lágrimas.

Tartamudo el viento rompe las filas de cemento, no castiga así las retinas de mi barco de espinaca, que naufraga en el silencio que llevan las piedras dentro... Ya el frío se hace amigo de mi mejilla gris, danza y penetra en todos los sentidos de todos los sentidos.
Escupan la noticia.
Lloran ramas los enfermos de soledad. ¿Y cuán real sería el llanto de los árboles si no fuesen solitarios? ¿Tendrían hojas sus lágrimas?
Mal que nos pese, las lágrimas y el silencio tienden al mismo fin: Universo de sal que rueda cuesta bajo por el espacio enmudecido de un inmenso grito de ceniza, donde confunden su esencia en el mismo objeto; el espejo de ojos que congrega la totalidad de un mismo ser, cerca o lejos de sí mismo.

amorda-sado

Salta el sol
y abraza la mañana
si, que no se note
pero rompí el sueño.
Sin embargo
lo que se construye
quizá contenga
un sonido de algo
que no está
en la paciencia
un sonido celeste
la noche
está haciendo fuerza
hacia atrás
para quedarse
crédulo sería intentar
guardarme este
puñado de lazos
si no me desato
las manos
antes
baila mi ansiedad
por decir esa palabra
muda, de puro cristal
pero no tiene
sonido mi voz
se anudaron
mis dientes
todo un mar de
fonemas enfrascado
para el escudo
de vértigo
coloquial
absurdo

Otros ojos del barro

Detrás de un intento de inmiscuirse de entre los ramos del omnímodo y vertiginoso poder de sinapsis voluntaria y apabullante (inalcanzable en este caso), cobra difusión instantánea la horrorosa balaustrada proveniente de su figura infausta. Es claro, no estamos ante un hecho ininteligible. Cualquiera de nosotros se daría cuenta al fin y al cabo.
- OH, la rata salta de tecla en tecla, sangrante, pues no atina a entregarse sin ver antes la sonrisa fiel del bebe eterno, claro que sí, en los brazos del guerrero sin rostro.
Sábete pululante e incomprensible bajo el humo de un barro tibio, de pozo inicuo: maldito aciago suspiro de la descalabradura abominable de un ciempiés asmático.

Respirador

Aquel cuerpo infantil e hirsuto
delimitado apenas por la detonación del espacio
está incrustado como un ámbar
en el aparente cráneo del cristal del tiempo.
Y el cristal se desplaza en su fluido
como pasos en el pasto.
Pero aquel inmutable ser propulsado,
aquella fascinada proyección
escapada de la placidez de la muerte,
se ha conducido hacia la nada.
(Nada, ¿dónde estás en medio de esta nada?)
Y de la nada se sugirió su impulso
que incumbía a todo lo inexistente.
Y desde ese mismo estado atómico
escapó como gimiendo por el desahogo
como estirándose
todo lo infinitamente mentiroso de
nuestra respiración.

Jaco

Sometido por una fuerza sin igual, decido dar el portazo de despedida. Cuatro colores verdes tengo para elegir. Ninguno de nosotros pretende abordar la totalidad de los colores, supongo... El témpano que nos alberga se empieza a derretir y la mesa no esta puesta aún. Las dos ventanas laterales pintaban de música cada centímetro de pared como si fueran veredas vistas desde la ventanilla de algún astro volador. Pleno núcleo de saliva. La muerte se despereza sobre la punta de cada diente, inicia el brote de puño firme en el espacio. Presencia indudable. Puesto en otro turno, viro hacia el “allá”, salgo del “acá” y de salto en salto ingreso al vicio onírico de su palabra. Las puertas siguen entreabiertas y el silencio no golpea antes de entrar. Jaco mixtura el aire y la luz en todos sus dedos derrumbando cualquier atisbo de quietud.

Entierro de sonido

La materia no está presente en el acto de saberme mosca, pido revancha.
Dos lunas sordas dictaminan en simultaneo la marea de polvo que me rodea.
Beatriz no sabe si pedir café o renovar el pasaporte.
El agua de un hongo; es visible la esencia?
No más percibir un giro de luz, que todo el parecido que puede tener un reloj con una gota de aceite, marca el retroceso o el avance de algún pensamiento que yacía estancado en el lote marrón de lo indefinido.
Dos desayunos bajo la triste mirada de un ciprés que me protege del viento.
Saturado de los sentimientos lobos “viro al dorado”.

Vómito de espadas

Sí, estábamos ahí, en el borde de la razón
mirando hacia abajo
esperando que el suelo nos de una señal
vibrar de frío, sentir las caras como puñales
vómito de espadas
el estupor del níquel frente a nuestra movilidad
de caer, de sobrevolar lo plano, de volver a caer
implicaría en rigor una sentencia por parte de tus manos
la necesidad de sentir el peso de un ángel
sobre cada párpado de mi vida, de la tuya
dos caras de la misma moneda
inseparables.

V

Cuanto cuerpo exista sobre esta corteza de miedo
tiende a recortar su existencia en mil veces de un beso
que arranca
que estruja
que se parte para darle el primer sentido
a un vuelo claro y voraz que me deja sin habla
ni respiración
ni parte alguna en mi
desentendida de la magnitud de sus alas
el lugar se ablanda
y se colma de más lugar
impele y me corre de costado
principio de movimiento.

Atrás quedaron

insecto de una pirámide
balbuceo de pulmones rotos
química intacta del reptar por su brazo
que no termina
bajo casi en puntas de pie
por la escalera de su pelo
sin embargo retumban
los pasos que dejo
en cada devenir de espasmo
en cada captura de su risa
atrás quedaron mis pies
no fueron lo suficientemente planos
no fueron lo suficientemente rectos
quiero estirarme y aniquilarme
de lejos
como por costumbre
en cada centímetro de tu vida
en cada peldaño de tu saliva
guardo edificios de mutilación
indiscriminada
en solo dos mares
entre dos mares superpuestos
el vacío y mis manos
el trastorno anciano
la mirada de cemento.

Tu ciencia silenciosa

Estamos situados en la hilera de los sueños cortos
te apropias de acto la contundente ausencia
el abandono de la sombra en estado puro
el no reconocerte al utilizar los sentidos
decodificar el despojo de la posesión
aguardar el regreso de la mitad visible de tu ciencia silenciosa
el frío de la espalda sin timidez
arriba por la espina
con puerto gris
alfiler de la acritud.
Venías del desierto con las manos delante
llevando la forma de todos tus pesares
con apuro maltrecho, obtuso
despojándole el sonido al movimiento
como arrancándole el sentido descaradamente
dejas caer en cuatro escalones
la pócima inquietante
sin aire dejas el tiempo acostado
de frente al sol.
Un juego de aves
sin vuelo.

Terapia

Uno se toma un subte al hígado de un elefante que quede cerca, se sienta, y retoma una lectura pendiente en el hilo del día aquel que olvidabas un sueño sin frío, que acababas de soñar tan temprano.

Pez

Suelo ser un pez desconectado del respirador, que camina por el suelo seco, lleno de vidas relucientes, distantes del encuentro. ¿y dónde habrá quedado aquel mi suelo, lleno de misterio, lleno de navíos grises de asfixia, toneladas de palabras de harina, llenos de la cercana como lejana orilla intermitente...? de la facilidad por temblar que tiene mi cuerpo, subyace una y mil veces la fuerza volcánica de una mirada que no reconoce en su esencia ni siquiera la remota posibilidad de concebir un pez tomando una leche de una la heladera de un supermercado chino. (Muero como un pez. por mi boca, en tu boca). Perfiles de hemisferios de un Em7/6 al remedio amargo. Voy a morder escaleras, quizá de este modo no recuerde más nada.

Permiso para olvidarte

Este rincón de vos, que me atrapó en el plomo, ni atisba la proximidad de una sombra; elude, en todo caso, la posibilidad de olerte de risa, de los espasmos. Pero lo valioso no es el recuerdo, sino la simple convicción de saberte muerta. Así de fría, como ensalada de gente delgada sobre mí fiesta invisible aunque no quieras saberlo. Desdoblate en círculos, quizá de éste modo entrás en órbita.
Chocaron cuatro mundos cuando te vieron volar; el mío recién nacía.

Lacrada lounge

las frentes logran chocar
en lo alto del sonido
con intuitivos movimientos
de remordimiento
lacrada costilla del error
en los puertos del mensaje
de otros ojos del barro
grueso desde el bajo sendero
angustias de la cadena
que acota el movimiento
de la cura impropia
relatando su miseria
en simpáticas intertextualidades
de su intrincado y hermético
devenir de sombra
la propagación del hedor naranja
suspira de milenios
por cada orco que cruza la avenida
que conduce al aeropuerto de pelos
(por nutrias de respirar miran fijo
los escalones)

Bebo una cruz

Salta el sol
y abraza la mañana
si, que no se note
pero rompí el sueño.
Sin embargo
lo que se construye
quizá contenga
un sonido de algo
que no está
en la paciencia
un sonido celeste
la noche
está haciendo fuerza
hacia atrás
para quedarse
crédulo sería intentar
guardarme este
puñado de lazos
si no me desato
las manos
antes
baila mi ansiedad
por decir esa palabra
muda, de puro cristal
pero no tiene
sonido mi voz
se anudaron
mis dientes
todo un mar de
fonemas enfrascado
para el escudo
de vértigo
coloquial
absurdo

Rotondas

Tenés el barrio
de talón
subido al hombro
caminar sin mirar
en un desayuno
de insectos
tomando los bordes
del día para freír
la sonrisa
en líquidos valientes
corrés
frente a las ciudades
que conglomeran
angustia
en pequeños recovecos
de sus venas: sus calles
corazones
como rotondas
corazones

Una vez

Qué intensidad en esos perfiles posados sobre silencio. No me creerías si te digo que no dejo de admirarme, como en un testeo inconsciente de tu boca, te leo los ojos nublados. Insulto. Insultás. Odio. Odiás. Bailamos valses de invierno cincuentista con grandes vestidos en los jardines del hemisferio senil de la tierra cuadrada casi sin miedo. Lo comprensible está en tu irracionalidad de montaña.(Recordá que le estás dando golpes precisos a todas las puertas de todos los lugares que habito).

Mirar el vidrio es silencio

Antes de poder encontrar la dirección de tu ciudad asustada, que huye del espejo y hasta cree que salta de frío, reintegro el saco de arena que tomé de la mesa, ese que guardás tan celosamente entre diarios. Esta vez vacío. Sí. Ya no te esperás ni murmurás arvejas de mirar acá. Por cierto, tuyos los beneficios de poder aislar todo en un perro de pasto. Asisto a ese demonio de cera verde que se espanta de existir entre la estética de aturdir en silencio y romper vasos con los miedos ajenos. Y me trepo de sus testículos; colapsa su identidad; vira en mí el valetudinario asco de oír su quejido ciego de causa roble, lleno de pelos en la boca (como la noche). Corrompe mi nariz, astucia de maíz, abrazo “elacerodelospeces” previo a la noche. ¿Me das las manos que te llevaste allá tan lejos? Ahora, si existiese, me quedaría un rato hasta que se haga de nuevo hoy, solo que no me quedó el miedo en las uñas. Me aleccioné cuando estornudé el espejo; yo no huyo, te observo desafinado como este violín
que llevás de mí entre los ceniceros; certero el primero que suena de sus llantos, diferente sin dudas
al de los demás violines que lo miran de pena hasta respirar la sal del último suspiro-llanto que profana el silencio aquel guardado en un vidrio con tus otros silencios.

Nueces de mimbre

Todavía no eran las ocho. Aún la espera era larga y los pasillos ya no le debían el espacio al futuro. El ademán de mirarte en trescientos sesenta grados, en la imaginación que brota de un niño de azúcar, te percibo como el transporte de todos los colores, te huelo en té y no es suficiente el agua que guardan los ríos para poder tomarte; descalza y colosal en el discurso de mirarme, sólo encuentro como vía de escape tu espalda de frontera. Germino el precipicio antes de soltarte el suelo. Agachar tus mañas y espiar la velocidad de tus bondades... que precoz iluminarte. Del otro lado sería caer al abismo vertical. Intentar sobornar el presagio de un fracaso, con duras nueces de mimbre. No obstante pierda el sentido plástico del tiempo y la noción de perspectiva dentro de los pasillos, el jilguero cortará una fracción del mismo tiempo/universo pese a su limitación de olvidar el suelo. Yo también lo olvidé, y ahora que observo por la ventana el correr de las vidas, ningún sitio de esa gente sostiene algún olvido tan reptil de modo tan amistoso.

Nada

Sólo puedo ver pasar momentos ausentes. La grieta del espanto cobra forma sencilla lo blando amarillo no es novedad. Reímos, si podemos. No es fácil de ningún modo llevar el reflejo delante de todas nuestras horas como un contrato irrompible. Ver los centímetros; oír un perro; correr detrás de Madrid (¿Allí estaré?); pagar un taxi; no mirar hacia ningún costado al cruzar una calle; bostezar frente a la mañana como a un nudo; estrujar una plaza con los pies; vomitar cangrejos al mediodía. Me aburro en los enredos de la novelita donde todos se bañan en fuentes como la que está frente al zoológico, descalzos y con los brazos en alto. Nadie tiene la culpa porque nadie cabe en la palabra NADA: el cajón de la casa de mi abuela donde entraban todas las cosas. Un día encontré un gato ahí, pero eso ya es otro tema.

Sin ver mordió

Sin ver mordió
un látigo eterno
de pronto oyó
sus huesos quietos
mil vientos nácar
acuden en
golpe de efecto
hedor de ausencia
frente al espejo

Una canción

Él se movió
él se escondió
él se rompió
él se movió
ella lo vio
ella entendió
siempre ellos dos
siempre los dos
ella mordió
ella pensó
quizá entendió
o lo alucinó
ella sonrió
él la besó
la dibujó
en una canción
ella entendió
desde un balcón
¿será el valor
que apareció?
Con un olor
atardeció
duermen los dos
sólo ellos dos
hoy sucedió
¿quién los movió?
Todo cambió
nadie los vio
ella soñó
él se perdió
fueron los dos
vuelvo de vos.